Síndrome de Cotard: así viven los que piensan que están muertos.


A veces nos dice que no puede andar porque la mitad de su cuerpo sigue en la cama. Otras, se niega a comer porque su estómago, asegura, ha desaparecido... Pero peor es cuando nos dice que está muerta, o que lo estamos todos». Quien habla es la hija de una de las últimas pacientes españolas que ha sufrido uno de los trastornos psiquiátricos más peculiares y misteriosos que existen: el síndrome de Cotard.

La primera vez que se escuchó hablar de él fue en 1880, cuando el neurólogo Jules Cotard -de quien toma su nombre-, observó estos síntomas en una mujer que negaba la existencia de Dios, la del diablo y la suya propia. La llamó Mademoiselle X. Desde entonces, se ha avanzado poco en la investigación de esta enfermedad.

«Existen muy pocos estudios al respecto en nuestro país y, en general, tampoco abunda la literatura científica en otros países», confirma Manuel Sánchez Pérez, coordinador de la Unidad de Psiquiatría Geriátrica del Hospital Sagrat Cor en Martorell (Barcelona). «Su escasa frecuencia y su dependencia de otras enfermedades de base hacen que solamente se hayan publicado estudios observacionales, a propósito de uno o de pocos casos concretos». 

Aunque sus síntomas son más o menos claros -un paciente, generalmente anciano, asegura tener algunos órganos del cuerpo paralizados, muertos, en descomposición o desaparecidos- y suelen asociarse a trastornos previos como depresiones psicóticas graves o esquizofrenias, su origen no lo es tanto. 

«La esencia de los síntomas de negación corporal recuerda algunos síndromes neurológicos de negligencia o falta de reconocimiento de algunas partes del cuerpo. En este sentido, se ha sugerido la existencia de lesiones del lóbulo parietal del cerebro, pero de momento sin evidencias claras», asegura Sánchez Pérez, quien añade que la negación asociada a este síndrome también le da el sobrenombre de trastorno delirante nihilista

Este especialista es uno de los pocos médicos españoles que ha tratado algunos de estos casos -no más de una docena- y ha publicado varios estudios al respecto. La serie con mayor número de casos fue publicada en 1995 por Germán E. Berrios, un psiquiatra peruano afincado en Cambridge, con 100 casos documentados de síndrome de Cotard.

Sánchez Pérez ha tratado uno de los casos más recientes en España: una paciente catalanacuya familia prefiere mantenerse en el anonimato. Al otro lado del teléfono, una de sus hijas no muestra reparos en describirnos las dolencias de su madre. 

Ella, al contrario que la mayoría de pacientes que han desarrollado la enfermedad, no padecía ningún trastorno ni patología previa. «Éste es el segundo brote que sufre», recuerda. «El primero se presentó de pronto, bajo una desorientación súbita en el año 2001. Me llamó diciendo que no sabía hacer absolutamente nada. Estuvimos dos años visitando a diferentes especialistas hasta que al final descubrieron que tenía síndrome de Cotard».

El diagnóstico de este síndrome es complejo. Casi siempre se llega a él mediante la observación de los síntomas descritos y, aunque se realizan exploraciones complementarias, como pruebas de neuroimagen, sirven más para descartar otras afecciones que para confirmar el Cotard.

Durante los siguientes meses, la paciente fue tratada con terapia electroconvulsiva (TEC). Se le aplicaban sesiones cada 48 horas que se fueron distanciando en el tiempo hasta que pudo hacer prácticamente vida normal. Esto supuso varios años de TEC y la consiguiente pérdida de memoria asociada a este tipo de proceso.


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