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Mijaíl Gorbachov, la caída del muro de Berlín y la disolución de Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

 


La llegada de Mijaíl Gorbachov al poder en la Unión Soviética en 1985 supuso un cambio de paradigma geopolítico que dejó al régimen de Erich Honecker (secretario general del Partido Socialista Unificado y presidente de la República Democrática Alemana), en una situación de aislamiento político sin precedentes. Gorbachov impulsó las políticas de Perestroika y Glasnost, promoviendo una transparencia y una reforma que eran vistas con horror por la vieja guardia del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED).

El líder soviético dejó claro que la URSS ya no intervendría militarmente para sofocar revueltas populares en los países satélites, liquidando de facto la Doctrina Brézhnev que había justificado invasiones previas. Esta nueva postura, bautizada como la Doctrina Sinatra, permitía que cada país socialista eligiera su propio camino sin temor a los tanques del Pacto de Varsovia, lo que eliminó el principal seguro de vida de la RDA.

Honecker, en un acto de desafío, llegó a prohibir la circulación de revistas soviéticas que hablaban de reformas, intentando mantener un estalinismo ortodoxo en un mundo que cambiaba rápidamente. El divorcio político entre Moscú y Berlín Este fue el caldo de cultivo que permitió que la oposición interna alemana perdiera el miedo estructural al castigo soviético.

 La situación en Polonia y Hungría durante la primavera y el verano de 1989 actuó como un catalizador directo que fracturó la unidad del bloque socialista y creó las primeras brechas en el Telón de Acero. En Polonia, el sindicato Solidaridad logró forzar elecciones libres y formar el primer gobierno no comunista del bloque, demostrando que el cambio de régimen era posible sin provocar una guerra civil.

 Por su parte, el gobierno reformista de Hungría tomó la decisión histórica de desmantelar las alarmas y las alambradas de su frontera con Austria, permitiendo una apertura física hacia el mundo occidental. Este gesto simbólico y práctico fue interpretado por miles de alemanes orientales como una invitación a la fuga, utilizando las vacaciones estivales en el lago Balatón como excusa para cruzar ilegalmente hacia el Oeste.

 La apertura húngara fue la primera grieta real en el muro invisible que dividía Europa, y puso a las autoridades de la RDA ante una crisis migratoria que ya no podían controlar mediante la represión interna. Miles de ciudadanos comenzaron a refugiarse en las embajadas de Alemania Occidental en Praga y Varsovia, creando un problema diplomático internacional masivo.

 El éxodo masivo de ciudadanos de la RDA a través de terceros países durante el verano de 1989 representó un golpe demográfico y psicológico devastador para la legitimidad del Estado socialista alemán. Cerca de 25.000 personas huyeron en apenas unas semanas, la mayoría de ellos jóvenes profesionales, médicos y técnicos cualificados que la RDA no podía permitirse perder si quería mantener su estructura económica. 

El régimen se vio obligado a permitir trenes especiales que llevaran a estos refugiados desde Praga hacia la República Federal Alemana (RFA), pero cometió el error de hacer que los trenes atravesaran territorio de la RDA. Esta decisión provocó disturbios en las estaciones de tren, donde miles de berlineses intentaban saltar a los vagones en movimiento para escapar de un país que sentían como una prisión de hormigón.

 

Las imágenes de ciudadanos desesperados huyendo de la utopía socialista dieron la vuelta al mundo, destruyendo cualquier pretensión de superioridad moral que el SED intentara proyectar. La hemorragia de talento y juventud dejó claro que el contrato social basado en la seguridad a cambio de obediencia estaba roto y que el muro ya no cumplía su función original.

 

Dentro de las fronteras de la RDA, la oposición interna comenzó a articularse en torno a grupos eclesiásticos y movimientos civiles que exigían reformas democráticas bajo el lema Nosotros somos el pueblo. La Iglesia Evangélica jugó un papel fundamental al ofrecer sus templos como espacios seguros de reunión donde los ciudadanos podían debatir y organizar protestas sin la presencia directa de los informantes de la Stasi. El hecho histórico, ocurrido el 9 de noviembre de 1989, se desencadenó de manera casi accidental tras una rueda de prensa confusa del portavoz oficial Günter Schabowski, quien anunció que las restricciones de viaje se levantaban de inmediato. Este error administrativo empujó a miles de berlineses orientales hacia los puestos de control, donde los guardias, superados por la multitud y sin órdenes claras de disparar, terminaron por abrir las barreras. Lo que siguió fue una noche de júbilo colectivo que recorrió el planeta a través de las pantallas de televisión, simbolizando el triunfo de la voluntad popular sobre la ingeniería social totalitaria.

 

Finalmente, el significado mundial de este suceso trasciende la mera geografía alemana. La caída del muro fue el catalizador que aceleró la desintegración del Pacto de Varsovia, la futura reunificación de Alemania en 1990 y el colapso definitivo de la Unión Soviética dos años después. Este acontecimiento inauguró el orden unipolar liderado por Estados Unidos y planteó el inicio de la integración de Europa del Este en la Unión Europea.


Fuente:


Material utilizado de la TECH Universidad Tecnológica, es la mayor universidad digital del mundo, reconocida como la mejor opción de educación superior online por su alta empleabilidad (99% de inserción laboral).

Yván Ariel Gómez Rubio, Abogado, Barahona, República Dominicana.

Firma de Abogados Gómez Rubio y Asociados: informativobrisasdelsur.com, Criterio y Justicia con Ariel en Youtube: 

Mijaíl Gorbachov, la caída del muro de Berlín y la disolución de Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
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